Una de las figuras más queridas y respetadas en el mundo académico es la del Doctor Walter Enríquez Vásquez. Jurista y profesor con más de cuatro décadas de docencia universitaria, dos veces Decano de la Facultad de Jurisprudencia y actual Procurador General de la Universidad Central del Ecuador (UCE). Su vida es un conjunto de anécdotas, principios sólidos y vocación pública.

La infancia de Walter Enríquez transcurrió en un hogar donde la política, la intelectualidad y el compromiso social eran parte del día a día. Su educación primaria fue en la Escuela Municipal Espejo, para luego continuar la secundaria en el Colegio Sebastián de Benalcázar, donde se graduó como bachiller, en 1970. Allí comenzó una entrañable amistad con quien años más tarde sería el Rector de la Universidad Central, el Dr. Patricio Espinosa Del Pozo, MD., PhD.

El hogar del Dr. Enríquez tuvo dos pilares. Su padre, Plácido Enríquez Ruiz, quien fue un prominente líder histórico del progresismo ecuatoriano: ejerció durante más de 14 años como Secretario General del Partido Socialista.

Haciendo una breve pausa a sus actividades como Procurador de la UCE, el Dr. Enríquez evoca el día en que entregó su libreta de primer grado de la Escuela Municipal Espejo. Su hermano mayor, Edwin, recibía felicitaciones por calificaciones sobresalientes. Sin embargo, cuando el pequeño Walter presentó una libreta repleta de primeros puestos, su padre, lejos de los halagos, lo miró y le dijo: “Usted hoy va a aprender una palabra que se llama dignidad y espero que la lleve siempre. Usted ha sacado el primer puesto; ya no puede perder, así que usted se mantiene en ese puesto o se muere”.

Aquel mandato quedó le grabado para siempre. Don Plácido fue también su primer catedrático de oratoria. Tras regresar de sus reuniones políticas, ensayaba con Walter frente a una grabadora y un espejo, enseñándole la postura corporal, el movimiento de las manos y el ritmo del discurso. Gracias a esa preparación, dio a la Escuela Espejo y a su familia galardones como el Premio Espejo del Libro Leído, el Premio por el Día de la Madre, entre otros.

En el otro pilar estaba su madre, Dalila Vásquez Gala, hermana del exdiputado por el CFP, Leodoro Vásquez Gala. Ella encarnaba el humanismo: abogada de los desposeídos y defensora de los inquilinos, para que accedan a una vivienda propia. Siempre recordaba a sus hijos que “la lucha social no puede ser solo teórica” y que “las cosas son del que las necesita, no del que las tiene”.

A la residencia familiar en La Floresta, en el centro norte de Quito, llegaban académicos y dirigentes de la época: Manuel Agustín Aguirre, Assad Bucaram Elmhalin, Juan Isaac Lovato – quien llegó a ser Rector de la UCE y compartía prolongadas tertulias con su madre-, y catedráticos como Antonio José Borja.

Su vocación por las leyes pudo más que la mesa de dibujo

Al culminar el bachillerato en el Colegio Benalcázar, en 1970, el destino profesional de Walter Enríquez parecía orientado hacia la arquitectura o los números. El Dr. Rodolfo Guzmán, psicólogo encargado del departamento de Orientación Vocacional Rstudiantil, le realizó varias evaluaciones. El diagnóstico arrojó: “Inteligencia espacial superior a la normal o media”, recomendando estudios en Arquitectura o Ingeniería.

El padre, Plácido Enríquez, acudió a matricularlo en la Facultad de Arquitectura de la UCE. También le compró un juego de materiales para el flamante estudiante: una mesa de dibujo con lámparas, una caja de rapidógrafos y una caja de acuarelas de 144 colores. Entre risas, recuerda que jamás volvió a encontrar una caja de acuarelas con semejante variedad de matices.

No obstante, jamás asistió a una clase de Arquitectura. En su interior más pudo la pasión por el derecho, que surgió de un hecho fortuito. Años antes, en un acalorado ambiente político, propiciado por la Revolución Cubana, un compañero de colegio, llamado Fausto Vargas, fue detenido por robarle el fusil a un soldado. Walter asistió – por curiosidad – a uno de los juzgamientos en los tribunales penales especiales, que en ese entonces se ubicaban en la avenida 12 de Octubre.

Durante la audiencia, el abogado defensor sostuvo que, siendo su cliente un ecuatoriano y habiéndose comprado el fusil con fondos del Estado, “tenía derecho a robarse un fusil”. La insólita defensa dejó estupefacto a Walter: ¿Cómo un abogado puede asumir que tiene derecho a robar? Fue su reflexión y duda. “Creo que este hombre está fuera de contexto”. Así le nació la idea de hacerse abogado, por una lucha por una sociedad más justa y humana.

En 1971, Walter se inscribió en la Facultad de Jurisprudencia, a espaldas de su padre. Durante tres años mantuvo una suerte de “clandestinidad académica” en su propia casa: mientras en el hogar creían que trazaba planos, él estudiaba Código Civil, Código Penal, Derecho Constitucional…

La verdad salió a la luz de la forma más inesperada durante un almuerzo familiar. El doctor Antonio José Borja, profesor universitario y tío del líder de la Izquierda Democrática y Presidente de la República, Rodrigo Borja Cevallos, visitaba a los Enriquez Vásquez. Durante la comida, el Dr. Borja felicitó a don Plácido por el brillante ensayo sobre “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Friedrich Engels”, que Walter había escrito y que acababa de ser publicado en la revista “Anales” de la Universidad.

Don Plácido, sorprendido, aclaró: “No, Antonio José, el hermano mayor Edwin es el que estudia leyes”. Borja respondió sonriendo: “Sí, Edwin fue mi alumno hace años, pero Walter es mi alumno actual”. Walter le hacía desesperadas señas con los ojos al catedrático para que guardara silencio, pero ya fue imposible.

Al despedirse el invitado, la casa quedó en un silencio sepulcral. Don Plácido se puso de pie y dijo: “Jovencito, venga al escritorio”. Su madre, intuyendo el desenlace, se colocó como “defensora de pobres” a sus espaldas diciéndole: No te preocupes, no va a pasar nada. El padre preguntó con firmeza: “Jovencito, ¿qué está usted estudiando?” Walter le confesó: “Papá, yo estoy estudiando leyes”.

Para su sorpresa, lejos de reprimirlo, don Plácido le estrechó la mano con caballerosidad y le dijo: “Espero que seas un buen abogado”, a lo que el joven contestó: “Yo también lo espero”. Aquella misma noche desaparecieron de la casa la mesa de dibujo, las lámparas, los rapidógrafos y las acuarelas – las cuales fueron regaladas -, y el joven pudo al fin estudiar sus códigos con tranquilidad.

Catedrático y servidor universitario

Walter Enríquez Vásquez ingresó a la UCE en 1971, durante la dictadura de José María Velasco Ibarra, una época difícil para la Universidad Central. En 1974, cuando cursaba el cuarto año de la carrera, se abrió un concurso de méritos y oposición; participó, triunfó y se convirtió de manera simultánea en alumno y profesor de su propia facultad. Así se iniciaron 42 años de docencia universitaria.

Su vinculación con la administración académica se concretó cuando el Decano de Jurisprudencia, Milton Román, lo convocó para postularse como Secretario Abogado, responsabilidad en la que fue reelecto democráticamente durante 14 años. Al reemplazar al maestro Galo Albornoz López, rememora con simpatía cómo el profesor le decía formalmente. “Señor estudiante, por ventanilla”, hasta que la recordada secretaria Graciela “Chelita” Borja le explicó que Walter era el nuevo Secretario Abogado. Se dieron un abrazo de felicitación.

Su liderazgo lo impulsó a postularse al Decanato de Jurisprudencia. En una época dominada por catedráticos tradicionales, sus contendientes intentaron descalificarlo apodándolo “el mocoso”. Fiel a su estilo, Walter Enríquez inauguró su campaña electoral con mariachis. En 1996 fue reelecto Decano por unanimidad y mediante voto secreto, recibiendo más de 12.000 sufragios sin un solo voto en contra. Fue un hecho inédito, recuerda con alegría.

Impulsó proyectos de trascendencia nacional. En acuerdo con Edilberto Bonilla (socialista), en ese entonces presidente del Congreso Nacional, se creó la Escuela Judicial del Ecuador. Así se sentaron las bases de la Carrera Judicial para la especialización de jueces y magistrados. Posteriormente, al ser el decano de mayor antigüedad, asumió las funciones de Vicerrector Encargado y Rector encargado.

La defensa institucional

Uno de los aspectos más destacados en la vida del Dr. Walter Enríquez es su amistad con el Dr. Patricio Espinosa Del Pozo, actual Rector de la UCE. Compañeros de aulas en el Colegio Benalcázar, la vida volvió a unirlos décadas después acompañándolo como Procurador de la Universidad Central del Ecuador.

Durante sus años en Jurisprudencia, se relacionó con la élite política e intelectual del país. En los pasillos de la Facultad coincidían como catedráticos los líderes de las tres funciones del Estado: Rodrigo Borja Cevallos (expresidente de la República); Walter Guerrero Vivanco (Presidente de la Corte Suprema de Justicia); Edelberto Bonilla (Presidente del Congreso Nacional); Fidel Jaramillo (Fiscal General de la Nación) y Gustavo Medina López (Procurador General del Estado). A ellos se sumaban figuras de la talla del general y académico Paco Moncayo Gallegos, Julio Prado Vallejo (quien fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU), entre otros.

En su actual labor en la Procuraduría, ha priorizado el lado humano de la Universidad, como lo ha dispuesto el Rector de la UCE, y así ha destrabado becas represadas para estudiantes de escasos recursos, ha firmado contratos colectivos postergados durante años en beneficio de los trabajadores. Siempre apoyando la gestión de su amigo de colegio, porque es un hombre de principios y que trabaja en beneficio de la UCE.

La Universidad Central en la vida del país

Para el Doctor Walter Enríquez Vásquez, la Universidad Central del Ecuador es, según sus propias palabras, su “segunda madre”. Con más de dos siglos de gloriosa trayectoria bolivariana, la UCE es el patrimonio democrático del país, donde no importan razas, edades ni condiciones sociales, sino el compromiso ético con la sociedad.

Con nostalgia recuerda la época en que las bibliotecas físicas de la universidad -como la histórica biblioteca junto al Teatro Universitario – se abarrotaban de estudiantes durante todo el día y hasta entrada la noche. Aunque comprende los avances tecnológicos de la era digital, insiste en que la investigación científica, la vinculación social y la rigurosidad académica son los pilares fundamentales que deben guiar a las 21 facultades de la casona universitaria.

Como mensaje, el Dr. Walter Enríquez resume su filosofía sobre el ejercicio del Derecho: “El Derecho está antes de que uno nazca, con la legislación prenatal, y está después de muerto, con las herencias. No hay actividad humana que no tenga que ver con el Derecho”.

Su vida, que transcurre entre aulas y tribunales, demuestra que la verdadera grandeza de un hombre de leyes reside en mantener intacta la enseñanza de su niñez: la dignidad.

Iliana Cervantes Lima

Voces de mi Ciudad

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