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  • Izquierda: Edmundo Rosero Espinosa en 1947, cuando laboraba en Radio Splendit.
  • Derecha superior: Edmundo Rosero Espinosa en Emisoras Gran Colombia con: Marcos y Edison Vargas Acosta, Jorge Aníbal Salcedo, entre otros
  • Derecha inferior: En Emisoras Gran Colombia con: Walter Falconí, Edison Vargas Acosta, Hilda Sampedro, entre otros.

Es uno de los directores, autores, adaptadores y actores de radioteatro más brillantes que ha tenido el Ecuador. Nació en el barrio La Merced, en el centro de Quito, el 26 de abril de 1917. Estudió en la escuela Simón Bolívar de la capital ecuatoriana y la secundaria en el Colegio Francisco Javier de Pasto- Colombia. Su carrera profesional se inició en 1947, como autor, guionista, director y actor de novelas que fueron adaptadas al radioteatro.

Edmundo Rosero Espinosa laboró entre 1947 y 1952 en las radios Splendit, Bolívar, Comercial, Atahualpa, Católica dirigida por el padre Rojas. Desde 1955 hasta 1958 fue parte de Tarqui, pero en la emisora que más tiempo permaneció fue en Gran Colombia, de Eduardo Cevallos Castañeda, desde 1959 hasta 1984. Luego pasó a Vigía en 1985 y Nacional del Estado en 1986. Todos los dueños de las emisoras valoraban y respetaban su trabajo por su responsabilidad y talento.

Fue el creador y director de la Compañía Radio Teatral “Artistas Unidos”, el elenco lo conformaban: Gonzalo Portugal, Jorge Aníbal Salcedo, Federico Terán, Eva Murillo, Víctor Vaca, Marcela Ordóñez, América Chiriboga, Marina Barahona, Carmen del Valle, Walter Falconí, Ana Barba, Lola Landínez, María Luisa Moncayo, Julián Termoux, Luis Sánchez, Lane de Gray, Augusto Cobo, Galo Destruge e Hilda Sampedro.

Fue director y actor de novelas y cuentos de autores nacionales e internacionales que las adaptó al radioteatro. Las obras nacionales fueron 17 y extranjeras 11. Fue el mentalizador, autor, director y actor de varios programas radiales infantiles, costumbristas, crítica sociopolítica, humor, deportivo, sociolaboral, ético-social, salud y tránsito.

Narró las procesiones de Jesús del Gran Poder desde el convento de San Francisco en Quito, para hacerlo se documentaba, leía y escribía un guion. Cada procesión la relataba diferente. “Siempre trataba de darle otra visión y forma al contar el mismo hecho”, destaca su primera hija, Raquel Rosero, quien es periodista y comunicadora.

En 1940 ingresó al Ejército Ecuatoriano, combatió en la guerra de 1941 en la provincia El Oro, sector del Chacras, durante la invasión peruana. En 1967 se retiró del Servicio de Administración General (SAG) como teniente. Desde ese año hasta inicios de la década de los 80 fue consejero de la provincia de Pichincha, en las administraciones de Manuel Córdova Galarza, Álvaro Pérez Intriago y Patricio Romero Barberis. Militó en la Izquierda Democrática y fue amigo del ex presidente de la República, Rodrigo Borja Cevallos, los exdiputados: Marco Landázuri Romo y Raúl Baca Carbo. Fue vocal, tesorero y vicepresidente de la Asociación de Ligas Deportivas Barriales del Ecuador y presidente de la Federación Nacional de Ligas Barriales del Ecuador (Fedenaligas)

A lo largo de su vida recibió condecoraciones de las Fuerzas Armadas, Congreso Nacional, de las parroquias y barrios a los que sirvió a lo largo de su vida pública. Dejó el borrador de un libro donde narra su vida.

Sus inicios

La niñez de Edmundo Rosero Espinosa fue difícil. Su madre Zoila Hortensia Espinosa falleció cuando le dio a luz y su padre Daniel Rosero murió cuando apenas tenía siete años. Sus otros dos hermanos fueron llevados a Ambato por unas tías maternas, nunca más supo de ellos. El niño se quedó al amparo de su tío paterno, Gustavo Narváez, quien le daba dinero para que se alimente y se compre el almuerzo, pero con esas monedas alquilaba libros, realizaba una lectura rápida y con lo que le restaba se cocinaba un morocho o alguna colada.

En la primaria ganó un concurso de recitación, se destacaba por su voz y facilidad en el manejo del escenario. Sin embargo, su tío en la desesperación por la situación económica de su sobrino, le motivaba a que estudie algún oficio como sastre o zapatero, pero él amaba la lectura y la actuación. Otro tío, era Monseñor, en la adolescencia lo llevó a Pasto (Colombia) donde estudió la secundaria. Allí pasó unos años, pero no se enseñó y regresó a Quito. A pesar de esta adversidad de la vida, “nunca torció su camino, era fácil irse por otro rumbo, porque era una persona sola y con falta de afecto”, comenta su hija Raquel.

La pasión por la lectura que la tuvo desde niño, le fue abriendo horizontes y la facilidad para escribir. Le llamaba la atención el teatro e imitaba a las grandes voces de Argentina, Colombia y México que brillaban en esa época. Este talento era innato. Siempre indicaba que una novela debe dar a conocer un espacio geográfico y tiempo. A lo largo de los años logró acumular un gran número de libros. Cerca de dos cuartos de su casa ocupaban los textos, los leía todos.

La radio

Edmundo Rosero Espinosa se inició en 1947  como director, guionista y actor de las novelas de su autoría que fueron adaptadas al radioteatro como: “El Milagro”, “Romel el pequeño”, “Desadaptados”, “Los Buitres”, “Barro Nuestro”, “La Culpable”, “La Paralítica”, “Ríe Payaso, ríe”, “Escalera al As”, “La culpa fue tuya”, “Los Contrabandistas”, “La vida es así”, Hijos del divorcio, “Al doblar de las campanas”, “La senda del odio”, “Bajo El Cielo de Quito”, “Así son los hijos», “Los espías”, entre otros.

Además, fue guionista y actor de novelas y cuentos de autores nacionales y extranjeros que las adaptó al radioteatro. Las obras nacionales fueron 17, entre las que constaban: “Árbol que no da fruto”, de Sergio Núñez; “Amar con desobediencia”, de Quintiliano Sánchez; “Luzmila”, de Manuel Rengel; “Pacho Villamar”, de Roberto Andrade; “Alma Mártir”, de Rafael Larrea; “La Mujer de tu prójimo”, de Carlos León; “Magda”, de Carlos Sevilla; “Malhechores de la Justicia, de Miguel Ángel Montalvo;  “Eladio Segura”, de Gerardo Gallegos; “Cumandá”, de Juan León Mera; “El crimen del silencio”, de Efraín Torres Chávez; “Camino de las Landas”, de Gustavo Vásconez; “La Tumba de dos amantes”; de Manuel  de Guzmán; “La tempestad”, de Sánchez Andrade, “Recluso 420,  de Alberto Endara; “El patio del Fakir”, de autor anónimo; “Fuego en la ciudad”, de César Espíndola Pino…

De las obras extranjeras fueron 11. “La destrucción de un corazón” y “Amok”, de Stefan Sweig; Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos; “La Casa de los cuervos” y “Flor de durazno”, de Hugo Wast; “Raza de bronce”, de Alcides Argüedas; “El final de Norma”, de Pedro Alarcón; “El traidor o falsa evidencia”, de E. Phillips Oppenheim; “Jugada del destino”, de Rafael Pérez y Pérez; “La divorciada”, de Pierre Mauriac; y “La Vorágine”, de Eustacio Rivera.

Compañía Radio Teatral “Artistas Unidos del Ecuador”

En 1948 creó la Compañía Radio Teatral “Artistas Unidos”, de la cual era su director, cuyo slogan “Por la Patria ecuatoriana y el arte nacional”, pego significativamente. Los periódicos de la época: La Nación, La Hora y Plus Ultra apoyaron el trabajo de la compañía, publicando la información en primera página.

Los integrantes de la compañía eran de élite: Gonzalo Portugal, narrador quiteño con una amplia experiencia, su voz hasta hoy es reconocida y valorada en el medio. Jorge Aníbal Salcedo, se caracterizaba por su temperamento artístico, muy escuchado en la capital por su programa de poesía en Radio Atahualpa. Los quiteños Víctor Vaca Ibarra, un estudiante infatigable que se convirtió en actor, agente y representante. Federico Terán Rivadeneira que poseía un talento innato e interpretó a Juan Primito en la obra “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos.

Eva Murillo era una joven actriz que enfrentó la adversidad machista de la época, pero Edmundo reconoció su talento y apoyaba su trabajo, al igual que el de Marcela Ordóñez, quien actuó en “Raza de bronce”, “Ríe payaso ríe” y “El traidor”, demostrando constancia y capacidad.

Radio Bolívar

El director de radioteatro quiteño reiteraba que a una de las personas que se le debe agradecer por el aporte al radioteatro en Ecuador, era al actor y libretista argentino-español Antonio Luján, de amplia experiencia en los escenarios internacionales. Dejó su talento en los escenarios de las radios más conocidas de la época. Dirigió en esta estación de propiedad de la familia Mantilla, “El Violín del Gitano”, que causó mucho interés en los capitalinos. Lamentablemente el actor extranjero se peleó con el gerente de la estación quiteña, Arturo García, y se fue.

Arturo García le conocía a Edmundo Rosero Espinosa por el trabajo que había desarrollado en el campo actoral y por haberle escuchado en las radios Sport, Esplendid y Juventud, por ello le pidió que sea parte de la radio capitalina.

A las 20:00 de un día de octubre de 1948 o dirigió su primera obra “El Mal”, pero fracasó. “Ni los actores ni yo habíamos logrado en las seis noches que duró la obra, hacernos amigos del micrófono”, comentó Edmundo. Terminó la dramatización presentó su renuncia al gerente de la estación, pero no la aceptó y le apoyó para que siga en su propósito e incluyeron a varios actores con experiencia para seguir en este proyecto.

Hasra que llegó “Alma Mártir” de autoría de un académico imbabureño de apellido Levi, a quien le pidió la autorización para usar su texto. El escritor aceptó el pedido del joven director. Esta obra tuvo acogida en los oyentes. Un jueves se terminó el libreto y Arturo García muy preocupado le pidió a Edmundo que escriba más sobre esa historia, para extender la radionovela, porque no podían quedarse en medio camino.

Ahí nació “Dilemas Humanos”, una creación en la que Edmundo Rosero Espinosa empezó a realizar los libretos que se basaba en sus historias personales y de los amigos. Los plasmaba en los escritos y luego los transformaba en obras de radioteatro. La aceptación de los oyentes era grande, eso ocasionó que un grupo de “expertos” que lo tachaban de desconocido y encima ecuatoriano, esto era en referencia al director argentino-español, Antonio Luján, quien era muy reconocido en la capital ecuatoriana. En aquel entonces había la idea de que todo lo importado era mejor.

Edmundo siguió adelante, jamás claudicó, se adentró en las novelas ecuatorianas, acudió a las bibliotecas para dar vida a los personajes de los libros. Inició el desfile de éxitos con “Árbol que no da frutos” de Sergio Núñez, quien asistió a la presentación, “oyó la actuación y le gustó lo realizado por el libretista”, comentó en alguna ocasión. Después vino la novela “Amar en desobediencia”, del ambateño Quintiliano Sánchez, a quien le pidió autorización para hacer los libretos que se presentaron en Radio Bolívar.

A mediados del siglo anterior, diario El Telégrafo, de Guayaquil, publicaba obras literarias de autores ecuatorianos, Edmundo las leía, siempre pedía autorización a los autores para convertirlas en libretos de radioteatro. La mayoría, por no decirlo todos, lo hacían con agrado, le pedían la hora y el día de su emisión para escucharlos.

Hubo un tiempo negativo para esta radio y se cerró porque no se financiaba, tenía pocos auspiciantes y la publicidad era escasa. Esta emisora era de propiedad de la familia Mantilla y otros accionistas, quienes tomaron la decisión de cerrarla.

Radio Atahualpa H. C. L. C. 1

Después de cuatro años de trabajo se separó de Radio Bolívar. En 1952 se trasladó con todo su equipo de radioteatro a Radio Comercial, estuvo poco tiempo. Llegaron a Radio Atahualpa de propiedad de Carlos Larrea Córdova, quien era muy apegado al arte y la cultura, él comprendió la situación de la compañía y le “cedió gratuitamente el espacio de 30 minutos a los “Artistas Unidos que trabajaban por el arte de la Patria”.

El gerente propietario de Radio Atahualpa apoyaba con entusiasmo las iniciativas del actor y director quiteño, era 1953. Cuando presentaba una nueva obra siempre emitía un avance diferente, como el siguiente: “Pronto Los hijos del divorcio, intensamente humana, personajes reales de la vida nacional, con la magnífica interpretación de Artistas Unidos del Ecuador”.

En ese tiempo se estilaba que las emisoras difundan sus programas, a través de los periódicos. Uno de estos decía: “Emisoras Atahualpa H. C. L. C. 1. Presentan programas de calidad. Artistas Unidos del Ecuador, todos los días, de 08:30 a 09:00, de la noche.

Las más famosas novelas nacionales y extranjeras: Moralidad, arte, cultura y civismo. ‘Ser o no ser’, formidable programa crítico, constructivo y ameno. Todos los domingos de 08:00 a 08:30 de la noche. Sintonice siempre a Emisoras Atahualpa”.

Lo que se dijo de Edmundo Rosero Espinosa cuando la compañía cumplió tres años

En 1951 cuando la Compañía cumplió tres años de actividad, fue un día de fiesta para el radioteatro. Las felicitaciones se publicaban en los medios de comunicación impresos. Recibió saludos de diplomáticos acreditados en el país.

El embajador de Bolivia Gustavo Adolfo Otero, le dedicó una carta agradeciéndole por haber tomado en cuenta una obra que tenía trascendencia en su país, “Raza de Bronce”, una novela indigenista muy valorada, cuenta su hija la periodista Raquel Rosero. El texto decía: “Edmundo Rosero Espinosa es un distinguido actor e intelectual ecuatoriano que ha plasmado en el radioteatro una obra muy querida y respetada de Bolivia”, Gustavo Adolfo Otero, Ministro de Bolivia en el Ecuador.

Otro texto señalaba: “Hago sinceros votos porque el éxito acompañe a estas transmisiones de carácter fraternal y de elevada cultura, en la labor que se han impuesto estos entusiastas y simpáticos artistas ecuatorianos desde Radio Atahualpa”: Pascual Coppano, canciller de la embajada de Argentina en Quito.

Mientras que el escritor quiteño, Gustavo Vásconez Hurtado, indicaba que Edmundo Rosero Espinosa es un libretista inteligente y laborioso propagandista de la cultura ecuatoriana. El escritor ambateño Carlos Sevilla, presidente de la Casa de Montalvo y autor de la novela “Magda”, decía que Edmundo Rosero Espinosa es un mecenas a la moderna que con su talento artístico hace brillar a las novelas nacionales”.

Los auspiciantes de la Compañía Radio Teatral “Artistas Unidos del Ecuador”

En 1951, cuando la Compañía Radio Teatral “Artistas Unidos del Ecuador” cumplió tres años de actividad, tuvo muchos saludos en los periódicos, especialmente de los negocios del centro histórico. En el folleto, aparte del trabajo de los actores, se difundía también las bondades de sus productos: “Luminofoto Wilson, ubicada en la García Moreno 834, frente a La Compañía. “Una lente y un pincel que hará de usted su mejor retrato”.

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El mentalizador de programas radiales y Radio Tarqui

Edmundo Rosero Espinosa siempre se innovaba e incluía cosas nuevas en la programación de las emisoras de Quito, por ello fue autor, director y actor de varios programas radiales de distinto género. Entre los principales podemos nombrar: “Escuela del Aire” (infantil), “Andanzas del Maestro Juanito” (costumbrista), “Ser o no ser” (Crítica sociopolítica), “Kuquita la secretaria” (humor), “Hablan las ligas deportivas barriales” (deportivo), “La voz del artesano (sociolaboral), “Álbum Policial en el Aire” (ético-social), “Campaña antidrogas” (salud) y “Educación vial” (tránsito), estas dos últimas las realizó en Radio Vigía, “La Voz de la Policía”. 

En Radio Tarqui, de propiedad del profesor Gustavo Herdoiza León, tuvo todo el apoyo para realizar su trabajo. Creó los libretos durante tres años para el programa costumbrista “Andanzas del maestro Juanito”. Estuvo en esta emisora desde 1955 hasta 1958. Además, con el dueño de la emisora actuaron en varias obras de radioteatro. Al profesor Herdoiza también le gustaba la actuación. Estas radioteatralizaciones se hacían con público en vivo.

El Director de Álbum Policial

En 1949, el Álbum Policial lo dirigía primero Leo Rivas, conocido como “El Duende Rivas”, en Radio Quito, luego viajó a México. En 1952, Guillermo Franco lo emitió en Emisoras Gran Colombia, pero por poco tiempo, tuvo otra propuesta y se fue a la Armada. Jaime Moya Herrera era el operador en esta estación, de propiedad de Eduardo Cevallos Castañeda.

En este espacio se hacían dramatizaciones de crónica roja de los periódicos adaptándolos a la radio. Se transmitía en vivo y en directo. A esta emisora llegó por pedido del propietario, a quien le gustaba el trabajo del director de radioteatro quiteño. Edmundo aceptó ir a Emisoras Gran Colombia con la condición de que le brinden libertad para desarrollar su trabajo, este pedido fue aceptado por Eduardo Cevallos Castañeda.

En 1959, Edmundo Rosero Espinosa como director tomó la posta de la emisión del Álbum Policial, pero con otro elenco, conformado por América Chiriboga, Galo Destruge, Edwin Salazar, Edison Vargas Acosta, Hilda Sampedro, Walter Falconí, entre otros. Edmundo también actuaba, repasaban media hora el libreto y salía al aire en vivo de 13:00 a 14:00. Por la tarde se emitían las novelas a las 16:00. En esa época vino el productor de radioteatro guayaquileño, Chang Lee Poo, cuenta Jaime Moya Herrera.

Al final de cada capítulo o presentación, el director quiteño decía una moraleja que siempre se relacionaba con el programa emitido, era una especie de consejo o conclusión, señala su hija Raquel.

El narrador deportivo Edgar Villarruel Caviedes, fue compañero y amigo del director de radioteatro en Emisoras Gran Colombia y participó en varias ocasiones en el Álbum Policial. El equipo que dirigía Edmundo Rosero Espinosa era sólido. Permaneció hasta 1984, estuvo más de dos décadas en la estación.  “Un profesional responsable y serio, ya no hay esos escritores en la radio actual. Lo considero mi amigo que hizo mucho por la comunicación”, indica el relator deportivo.

Este programa se transmitía de lunes a viernes al mediodía. Los actores y actrices eran muy hábiles, caracterizaban las voces de manera distinta. Parecía que estaban decenas de actores y actrices y no era así, solo eran cuatro: América Chiriboga, Hilda Sampedro, Walter Falconí y el propio Edmundo Rosero Espinosa.

En esta emisora hubo un cambio de mirada en torno a los nombres de las personas que actuaban, ya que en las otras estaciones los nombres de los actores iban al final, como material de relleno y sin relevancia, pero en Gran Colombia la cosa cambió. Por disposición del propietario de la emisora, Eduardo Cevallos Castañeda, iba al inicio.  La presentación decía: Emisoras Gran Colombia presenta “ser o no ser” bajo la dirección de Edmundo Rosero Espinosa, destaca la también actriz, Hilda Sampedro.

La gente creía todo lo que se decía en “El Álbum Policial”

Hilda Sampedro recuerda que, en una ocasión al salir de la radio, luego del programa “El Álbum Policial”, un grupo de personas gritaban en las afueras de la radio, reclamaban y repetían: “¿cómo saben lo que yo dije, porque justo lo que yo le hablé a mi marido eso pusieron?”. Amenazaban con demandarlos ¿Cómo se enteraron lo que yo manifesté?, insistían. “¿Quiénes son los soplones que están diciendo lo que yo hablé? ¿Qué contacto tienen? La gente creía todo lo que se publicaba”. El libreto era tan claro que se identificaba al agresor o la agresora.  Edmundo tenía educación militar, era muy puntual y justo. Como amigo insuperable, comenta la actriz.

Hilda siempre actuaba como la víctima, la que lloraba, siempre le atacaban y agredían. A los oyentes que asistían a la radio se les recibía en el auditorio de la Gran Colombia, en el edificio Pardo, previamente les explicaban que eran actores los que actuaban y que sus libretos se basaban en las crónicas rojas de los periódicos, en especial de El Comercio, Ultimas Noticias y El Tiempo…

Edmundo escribía los libretos y les daba los personajes de acuerdo con el talento de cada uno de los actores y actrices tenía. “El reparto era exacto”. El agresor, a veces, era Walter Falconí, otras Edgar Villarruel Caviedes, otras el mismo Edmundo. La agresora femenina siempre era América Chiriboga, recuerda la locutora riobambeña.

En esa época, Álbum Policial era muy sintonizado en Gran Colombia, al igual que el programa Ronda Policial en Radio Nacional Espejo, se transmitía a las 05:45 y se reprisaba a las 18:00. Juan Felton realizaba los libretos para la Cadena Amarillo Azul y Rojo del Ecuador.  Hilda y América Chiriboga grababan Ronda Policial y pasaban corriendo al Álbum Policial en Gran Colombia, eran parte del equipo de actores y actrices en las dos estaciones. Las radios estaban cerca, la una en la Esmeraldas y la otra en la Oriente en el edificio Pardo.

Radio Vigía y el Álbum Policial

En agosto de 1982, radio Punto 83 cambia de razón social, primero se denominó Radio de la Dirección Nacional de Transito de la Policía Nacional y luego sería Vigía, La Voz de la Policía Nacional. El inicio de esta estación se dio el domingo 1 de agosto de 1982, el sonidista Elvis Lara grabó el primer capítulo del programa de crónica roja, El Álbum Policial, dirigido por el gran libretista Edmundo Rosero Espinosa, parte del equipo de actores eran: Walter Falconí, Hilda Sampedro y Carmen del Valle; en el transcurso del día hubo la transmisión de un partido de fútbol.

Al día siguiente, a las 06:00, Elvis Lara, recibió a quien fue la voz de Marlboro en Ecuador y la voz en off de Teleamazonas, Guillermo Jácome Jiménez, como flamante director de la radio. Luego llegaron el periodista y relator deportivo, Edgar Álvarez Mejía y Wilfrido Monge. Edmundo Rosero tenía una chispa y era apasionado de lo que hacía. “Eso a mí también me marcó porque en esa época estaba dando mis primeros pasos en las producciones de radio novelas. fue una bonita experiencia estar junto a este gran director de radioteatro”, indica Elvis. Era todo un personaje a la hora de hacer el relato de cada historia, le ponía un saborcito especial. Se vivía un ambiente casi real a la narrativa que hacían en ese momento el director y los actores.

De Radio Punto 83 se quedaron en Vigía: Elvis Lara Villacís, Mauro Ferrín Vera, Giovanny Pineda, uno de los primeros locutores rockoleros; Fernando Pérez, hacía los controles; y Jorge Serrano, quien trabajaba en el Banco de Prestamos, su turno era en la noche conducía el programa “El semáforo rojo”.

La radio estaba ubicada en la calle Isabel La Católica, entre Toledo y Coruña. Antes de trasladarse al Regimiento Quito llegaron a la estación:  Francisco Tinajero, Jaime Naranjo Rodríguez, Wilfrido Monge, Cristóbal Peñafiel, Carlos Chamorro, Washington Vaca, entre otros…

¿Cómo era el día a día de Edmundo Rosero Espinosa?

Edmundo Rosero Espinosa laboraba en el Ministerio de Defensa, ubicado en La Recoleta, en el centro sur de Quito. También dirigía dramatizaciones en las emisoras de la capital. Se levantaba a las 06:00. Leía las noticias y alguna que le impactaba, escribía. Lo hacía directo en la máquina, no en borrador, la historia fluía. “Muchas veces quedaba a medio hacer el escrito, porque tenía que llegar puntual al Ministerio. A las 12:00 regresaba apresurado a la casa, su esposa María Olga Bedoya Morán, le tenía lista la comida, terminaba de escribir y por las mismas salía a la radio”, cuenta Raquel.

Cada día subía más de 100 gradas en el edificio Pardo, donde quedaba Emisoras Gran Colombia. Esa agilidad le hizo que tenga buena salud hasta los 97 años, cuando falleció en 2014, recuerda su hija, quien indica que su padre tenía arraigados muchos valores y principios. La gente lo reconocía y le saludaba. Siempre había respeto para él.

La familia

Edmundo Daniel Rosero Espinosa siempre valoró a su familia y la mantuvo unida. A lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos profesionales, pero decía que el más grande que tuvo eran su esposa y sus hijos. “Todos somos muy honestos, no perjudicamos a nadie, vivimos de nuestro trabajo y sin palanqueos. No hemos tenido alguna negativa”, reitera su hija.

Con su esposa, María Olga Bedoya, se casó en la iglesia de La Magdalena de los padres Josefinos, el 20 de octubre de 1944. Se conocieron porque su abuelita materna, Victoria Morán Recalde “regentaba unas siete haciendas de Los Grijalva en las provincias del Carchi e Imbabura.

La joven estudiaba interna en el Normal Carlos Zambrano, en Uyumbicho, actual parroquia del cantón Mejía, en la provincia de Pichincha. Los fines de semana regresaba a la casa con su hermana menor, Piedad Beatriz, conocida como “Coquita”. También las visitaba su abuelita, quien un día le escribe a su nieta: “Hija te cuento que un señor bien guapo y educado, que siempre está con el libro debajo del brazo vino a arrendarnos unas piezas”.

María Olga le veía a Edmundo jugando barajas, con su hermana menor. Raquel indica que su mamá se enojaba y le pedía a Coquita que no tiene estar ahí. “Parece que mi papá ya le estaba mirando a mi mamá, la relación se hizo un poco más sería, pero mi abuelita no sabía de esto”. 

Decidieron casarse, el día de la boda el funcionario del Registro Civil le reiteró que no puede hacerlo porque era menor de edad y debe tener la autorización de sus padres. Entonces decidieron ir donde la abuelita, quien le preguntó. ¿Con quién te vas a casar mijita? “Con el señor alhajito que me dijiste”, le contesta. Ese matrimonio duró más de 60 años y tuvieron siete hijos: Raquel, Galo (fallecido en un accidente de tránsito), Laura (es psicóloga y vive en Ibarra), Marco (trabajaba en Patrimonio) también fallecido, Mario, Judith e Iván.

El ejemplo que dejó Edmundo Rosero Espinosa es que, aun no teniendo la posibilidad de sobrevivir por su soledad infantil, lo hizo con éxito y mucho sacrificio. Todos sus hijos se sienten orgullosos del legado que dejó: la honestidad, su trabajo incansable y la formación a muchos actores y actrices. Además de su infinito amor hacia Quito y la provincia de Pichincha.

Cuando salía a caminar por el barrio que siempre vivió, la Villa Flora, la gente lo saludaba, le abrazaba y se quedaba a conversar con él. En sus últimos años de vida se sorprendía porque ya no miraba a sus amigos y conocidos, le preguntaba a su hija Raquel ¿Por qué ninguno de mis amigos aparece? ¿Dónde se fueron? Su hija le contestaba que él era bendecido, porque Dios le permitió vivir más años y disfrutar de su familia y amigos.

Iliana Cervantes Lima

Voces de la Radio

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