Fotos:
- Izquierda: Eduardo Antonio Martillo Merchán en Radio El Sol.
- Derecha superior: Con Miguel Rivadeneira, Eduardo Galárraga y el presidente de la República, Sixto Durán Ballén.
- Derecha inferior: En una cobertura periodística con el camarógrafo Nelson Uyana; los periodistas Rodolfo Muñoz, Germán Mera, Patricio Carpio Mendieta y Carlos Medina.
Eduardo Martillo Merchán es un periodista muy reconocido en la capital ecuatoriana. Ha laborado en radio, prensa, televisión, relaciones públicas y medios digitales. Fue secretario general del Sindicato de Trabajadores de diario El Comercio y reportero de guerra. Junto a Raúl Jiménez Tacle, inauguró en Radio Quito, “la voz de la capital”, el programa de radioteatro “Patrullando”. Ese espacio lo compartió con Edison Vargas Acosta y Jaime Moya Herrera en la producción. También intervenían Teresita Andrade, “la voz dulce del Ecuador”, Ramón Fernández (Chagracias) y Katalina Padilla.
Es guayaquileño. Llegó a la capital ecuatoriana -en Transportes Ecuador- poco tiempo después de graduarse en el Colegio Aguirre Abad. Lleva casi 50 años como periodista. Es licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad Central del Ecuador. “En mis primeros años en Quito me conocían como ‘El Monito’. La moda de los años 70 era pelo largo, pantalón basta ancha con colores psicodélicos y zapatos puntiagudos”, recuerda.
Sobre su trayectoria, siempre se lo ubica como un periodista de medios impresos. Fue parte de las redacciones de los diarios El Comercio, El Universo y Expreso. La radio tuvo un lugar especial en este comunicador, estuvo en Cosmopolita, La Nación, Sideral, Morena, Sucre, Bolívar, Quito, Tarqui y El Sol, entre otras. En televisión fue parte de CN3.
También fue funcionario público en el Congreso Nacional, en la Dirección Nacional de Tránsito, el Tribunal Supremo Electoral y en los Ministerios de Trabajo y Bienestar Social. Se jubiló hace poco tiempo en la Fundación Vista Para Todos, donde organizó y dirigió la Radio TV Solidaridad. También colabora en la radio online La Voz del Migrante.
Siempre quiso conocer y vivir en “La Carita de Dios”. Se dio la oportunidad cuando un pariente de su mamá le dio “posada” en unos cuartos en la Av. 24 de Mayo. Ahí conoció a Milton Montero Endara, un chullita clásico, parlanchín, de unos 35 años, que trabajaba y tenía muchas amistades en la entonces Secretaría Nacional de Información Pública (Sendip). En septiembre de 1976, sin mucho trámite y solo con la cédula de identidad, fue nombrado mensajero del despacho del secretario nacional, el doctor Milton Álava Ormaza, manabita editorialista de El Universo. “Caí parado en la Sendip”, señala.
Ahí estaba Elsa María Castro, destacada periodista guayaquileña, en ese entonces asesora del secretario, a quien recuerda con mucho cariño por su amabilidad. Después llegó como secretario el coronel Edgar Jiménez Batalla; ahí conoció a Rosario Utreras Miranda -que luego sería concejal de Quito y defensora de los derechos de las mujeres y los niños-, quien lo apoyó siempre.
En 1979, cuando ya estudiaba en la Universidad Central del Ecuador, fue nombrado Auxiliar de Información de la Sendip. Le asignaron trabajar como reportero en el noticiero en Radio Nacional del Ecuador, ubicada en el tercer piso del Palacio de Gobierno, en la Plaza Grande, corazón del Quito Colonial. Sus compañeros fueron José Llangarí y Germán Mera. También estaban Humberto Pérez Estrella, Carlos Espinosa de los Monteros, Gustavo Cevallos Velásquez, Froilán Cabrera, Hugo López, Eduardo Rodríguez, Raúl Rosero y Cecilia Vaca. Los productores y sonidistas eran Oswaldo Merizalde Cateford, Jorge Aníbal Salcedo, Jaime Moya Herrera, César Andrade, Jorge Andino…
Cuenta con la amistad de grandes periodistas como: Oswaldo Redrován y su esposa Mercedes Mackliff, Carmita Pereira Sotomayor, Milton “Pajarito” Salvador García, Lola Gallegos Gavidia, Teresa Herrera, Oswaldo Coral Pozo, Miguel Rivadeneira, Eduardo Galárraga, Carlos Moscoso, Gloria Villalba, Edelberto Proaño, José Carrera, entre otros.
En cada uno de estos medios e instituciones, sus experiencias fueron diferentes y enriquecedoras. Los amigos y colegas fueron maravillosos, “me dieron la mano y el empuje para seguir adelante”, relata.
Eduardo Antonio Martillo Merchán es divorciado, tiene dos hijas y dos nietos, señala que son casi 50 años de trabajo en el área de la comunicación que le han dejado muchas satisfacciones. “Yo que, al inicio, cuando llegué a la Carita de Dios, quería regresarme a Guayaquil porque el frío no era mi mejor aliado, he permanecido casi cinco décadas en esta ciudad que me acogió y cobijó. Pienso quedarme aquí siempre”.
En mis propias palabras (su testimonio)
“Era 1976, Ecuador estaba gobernado por el Consejo Supremo de Gobierno, encabezado por el vicealmirante Alfredo Poveda Burbano. Nos alistábamos para el retorno a la vida democrática que, a pesar de los tropiezos por la masacre de los trabajadores de Aztra (1977) y el asesinato de Abdón Calderón Muñoz (1978) -atribuido al general Bolívar Jarrín Cahueñas-, entregó el poder al joven guayaquileño Jaime Roldós Aguilera, tras ocho años de dictadura militar.
En septiembre de 1976 llegué desde Guayaquil a Quito cuando cumplía 20 años. En mi mente siempre rondaba la idea de ‘algún día’ conocer Quito, hasta que se presentó la oportunidad y me vine en un bus de Transportes Ecuador con unos cuantos sucres en el bolsillo. Llegué a la Carita de Dios con el ánimo de estar uno o dos días y volverme por las mismas, pues, en honor a la verdad, el frío no me simpatizaba.
Llegué a un cuarto de una vieja casa de la tradicional 24 de Mayo, donde vivía un pariente lejano que, en alguna ocasión, ofreció a mi madre estadía para uno de sus seis hijos. Por suerte, ese día lo visitaba uno de sus amigos que, a la final, se convirtió en el padrino que me hizo jurar la bandera quiteña. Milton Montero Endara, un chullita clásico, parlanchín, buena onda, carismático, un poquito exagerado, pero muy querido en su lugar de trabajo por adulador y agencioso. Este caballero de contextura delgada, de unos 35 años a esa fecha, me ofreció, apenas me conoció, una “chamba”. Me dijo que trabajaba y tenía muchas amistades en la Secretaría Nacional de Información Pública (Sendip). Acepté la generosa propuesta y, sin “querer queriendo”, de pronto, a menos de una semana de haber llegado a Quito, ya estaba trabajando. Ahí comenzó a escribirse mi larga historia laboral.
“Caí parado en la Sendip, en septiembre de 1976. Sin mucho trámite, solo con mi cédula de identidad, fui nombrado mensajero del despacho del secretario nacional, que era el doctor Milton Álava Ormaza, manabita editorialista de diario El Universo de Guayaquil. Ahí encontré a uno de mis primeros ángeles -porque luego aparecerán muchos que cambiaron mi vida-: la licenciada Elsa María Castro, destacada periodista guayaquileña y asesora del secretario. Con su amabilidad, buen trato y cariño, me dio fuerza para quedarme en Quito, de lo cual todavía no estaba convencido. Elsita María fue mi apoyo y mi inspiración en el trabajo. Junto a la secretaria Elizabeth Carrión, me trataron no como mensajero, sino como su amigo, al punto que, cuando ellas me pedían que les compre los famosos sánduches de pollo, jamón y papas fritas del famoso Madrilón, me costeaban uno para mí”.
Después llegó como secretario el coronel Edgar Jiménez Batalla. Ahí tuve la suerte de conocer a otra gran profesional del periodismo, una joven guapa de lindos ojos verdes, muy profesional, sencilla, amable e inteligente: Rosario Utreras Miranda. Elsita María me apoyó para que estudiara periodismo y así ingresé a la Escuela de Ciencias de la Información de la gloriosa Universidad Central del Ecuador.
En 1979 comencé a vestir saco y corbata. Fui nombrado Auxiliar de Información de la Sendip y me asignaron trabajar en la Radio Nacional del Ecuador, ubicada en el tercer piso del Palacio de Gobierno, como reportero del Noticiero, junto a José Llangarí y Germán Mera. Era la época cuando las radios tenían grandes consolas, dos tornamesas para reproducir música y spots por medio de discos de acetato, cartuchos con sus respectivas cartucheras; las grabaciones se hacían en cinta magnética de alta fidelidad.
En Radio Nacional, que era una de las más importantes de la década del 70, tuve como compañeros a prestigiosos hombres y mujeres de radio como: Humberto Pérez Estrella, Carlos Espinosa de los Monteros, Gustavo Cevallos Velásquez, Froilán Cabrera, Hugo López, Eduardo Rodríguez, Raúl Rosero y Cecilia Vaca, entre otros. Así como a los productores y sonidistas Oswaldo Merizalde Catefort, Jorge Aníbal Salcedo, Jaime Moya Herrera, César Andrade y Jorge Andino. La Radio Nacional en esa época era en AM y peleaba audiencia con emisoras como Quito, Tarqui, Espejo y Gran Colombia. Después, de a poco, las AM fueron desapareciendo para dar paso a la FM.
En esa posición estuve un año hasta que me llevaron como reportero del informativo de la Sendip, encargado de los boletines de prensa que se distribuían, mañana y noche, en todas las radios y periódicos del país. Fue otra etapa, y la que me definió totalmente en mi profesión de periodista. Conocí y mantuve amistad con los grandes periodistas Oswaldo Redrován y su esposa Mercedes Mackliff, Milton Salvador García (el gran y famoso “Pajarito”), Teresa Herrera, Oswaldo Coral Pozo, Carlos Moscoso, Carmita Pereira, Glorita Villalba, Edelberto Proaño, José Carrera y otros.
Oswaldo Redrován, con quien años después nos reencontramos en el Ministerio de Trabajo, salía de vacaciones de El Universo, donde también laboraba, y me propuso como su reemplazo. “Pajarito” Salvador aprobó la propuesta e hice nuevas amistades con: Miguel Pérez, Wilson Araujo, Carlos Vinicio Pérez y Wellington Toapanta.
En 1981, la periodista Teresa Herrera me invitó a trabajar en el Diario Expreso, redacción Quito. Lo hice con expectativa y seguí sumando colegas: Raúl Arias, Jorge Aguirre Charvet y Mario Silva (“Papacito”). A la par, Miguel Rivadeneira, gran periodista, me invitó a colaborar en el informativo de Radio Tarqui, dirigido por Gonzalo Pérez Torres (Gapeto). Después colaboré en el informativo en la desaparecida Radio La Nación, del famoso radiodifusor imbabureño, Edmundo Grijalva Valencia, conocido como el “Gallo Giro”, con: José Camino, Patricio Naranjo y Hernán Pernet; luego estuvieron las radios Sideral, Cosmopolita con Carlos Chamorro Revelo, Jorge Imbaquingo, Víctor Bermeo, Mauricio Olivos, etc. En el andar de mi trabajo me hice amigo de Lolita Gallegos, Edmundo Carrera, Arcesio Arcentales, Galo Argüello, Germán Carvajal, Raulito Zambrano (con quien también compartí en el Ministerio de Trabajo), Patricio Vivas, Carlos Balladares, Patricio Carpio Mendieta, Rodolfo Muñoz, Cecilia Orozco, Bayron González, Fabiola Gaona, etc.
Andaba en esas actividades, feliz y contento, cuando un día el buen periodista y manaba de cepa Cristóbal Zambrano Loor, editor del área política de El Comercio, me dijo que le gustaban mis crónicas políticas y me invitaba a ser parte de la redacción de ese prestigioso medio de comunicación. Así fue y, desde 1982, comencé a escribir una nueva historia en esta etapa de mi vida, con nuevos amigos y mayor capacidad de trabajo.
Gracias a Dios caí como anillo al dedo. “Estaba sobre el bien y el mal”, dijo un día mi querido jefe de redacción, ya fallecido, Eduardo Galárraga. Me asignaron trabajar con el periodista Patricio Torres Silva, editor de temas sociales y con quien aprendí mucho, y mis compañeros de área Mariana Velasco Tapia y Jorge Hernández. De entrada, me mandaron a cubrir crónica roja, fuente que al comienzo no me gustaba, pero acepté. Rápidamente me hice amigo de grandes periodistas como Santiago Jervis, Jorge Rivadeneira, Gabriel Garcés (“Polvorín”), Roque Maldonado, Pancho Cajas, Bayron Rodríguez, Eliodoro Aillón, Marcelo Egües, Marianita Neira, Mercedes Álvaro, Edgar Álvarez, Hernán Higuera, Nancy Puente, Marcita Acosta, Miguel Rivadeneira, Cristóbal Zambrano, Gloria Jiménez, Violeta Basantes, Fabiola Riofrío, Gabriel Ortiz, Marco Núñez, Betty Hidalgo, Víctor Hugo Araujo, Rosendo Benalcázar Espinoza, Jorge Mantilla, Julio Zary, Marcelo Molina, Paco Viniachy, Marco Mendoza, Raúl Jiménez Tacle, Fernando Proaño, los hermanos Marco, Diego y Fabián Sandoval Delgado, Guillermo Corral Neira, Vicente Mena, Walter Toapanta, Cristóbal Peñafiel, Jaime Naranjo, Carlos Jaramillo, Eduardo Flor, Kléver Moreno, Florita Proaño de Simancas, Luis Castro Espinosa, Kléber Paredes, Olguita Imbaquingo, Gustavo Cascante, Napoleón Narváez, Nicolás Dueñas, Carlos Saona, Ernesto Trujillo y otros destacados periodistas, fotógrafos y diseñadores del prestigioso, en esa época. Diario El Comercio atravesaba sus mejores momentos y estaba dirigido por la distinguida dama Guadalupe Mantilla.
Fueron 15 años maravillosos de trabajo y compañerismo en El Comercio, siendo elegido secretario general del Sindicato de Trabajadores y, como tal, coordinador junto a los directivos de las mejoras salariales y de trabajo para todos los colaboradores del medio de comunicación.
Recuerdo como anécdota que, en alguna temporada, decidimos confraternizar y montamos los llamados “jueves culturales”, una especie de charlas entre compañeros pasado el cierre de la edición diaria. Lo que comenzó con una taza de café y unas picaditas terminó con ollas de comida y grupos musicales invitados por el reconocido periodista de farándula Terry Williams y unos cuantos “guaros”, terminando por suspender los “jueves culturales” que muchos de nosotros prolongábamos hasta altas horas de la noche.
Otra de las anécdotas eran los divertidos carnavales, que lideraba nuestra querida compañera Mariana Velasco, guarandeña y carnavalera de cepa, quien no perdía la oportunidad no solo para echar polvito o agüita, sino tarros de goma (esa que antiguamente se usaba en las redacciones para pegar las cuartillas). El festejo terminaba en un «todos contra todos» y un gran baile en la acogedora casa de Marianita, en el sector de la Universidad Central, al ritmo y acordes de nuestro músico de planta, el periodista Marco “Pisco” Mendoza, quien no paraba de cantar: “Marianita nos dará bastante chicha de jora, y que sea bien chumadora para con gusto bailar…”.
En esa temporada, junto al compañero Raúl Jiménez Tacle y con la aceptación de la directora general, Guadalupe Mantilla, inauguramos en Radio Quito, “la voz de la capital”, el programa de radioteatro “Patrullando”, con la colaboración del gran locutor, narrador y amigo Edison Vargas Acosta; la producción de Jaime Moya y la participación de Teresita Andrade, “la voz dulce del Ecuador”, Ramón Fernández “Chagracias” y Katalina Padilla. La temporada fue excelente y tuvo gran acogida porque se abordaban temas policiales.
En 1994 ingresé a Diario Expreso como periodista político, por pedido y gentileza del Lcdo. Marcelo Egüés Toro, quien se desempeñaba como subdirector de Expreso en Quito. Como editor de redacción estaba otro gran periodista, Nelson Villagómez. Fuimos excelentes compañeros, compartiendo el trabajo con Miguel Pérez, Luis Cueva, Nelson Silva, Olger Calvopiña, Luis Galárraga, Eduardo Santillán, Pablo Rugel y las guapas e inteligentes compañeras Mariuxi Valarezo, Iliana Cervantes Lima, Betty Hidalgo, Alexie Talavera y Consuelito Collaguazo.
Como periodista de Expreso me asignaron la cobertura del conflicto bélico entre Ecuador y Perú, desarrollado en enero de 1995 en la Cordillera del Cóndor. Estuve en la emblemática Tiwintza, Cóndor Mirador, Paquisha, Machinaza, Cueva de los Tayos y otros destacamentos militares defendidos con valor y coraje por nuestros soldados ecuatorianos, quienes expulsaron con valentía y capacidad de fuego al invasor. En esta larga y peligrosa cobertura pude aplicar mis conocimientos de “Reportero de Guerra”, título entregado por el Ministerio de Defensa.
Al dejar Expreso, elaboré programas de noticias y entrevistas en la desaparecida Radio Bolívar, de Jorge Aguilar. También fui corresponsal de Radio Morena, de Luis Almeida; y Radio Sucre, de Vicente Arroba. Participé en la producción de un programa de entrevistas conducido por Fernando Larrea, en CN3.
Desde el año 2000, mi trabajo se dirigió a la asesoría política en el Congreso Nacional. Estuve varios años como asesor de los diputados: Fernando Larrea, Mario Touma, Marco Proaño Maya, Fabián Alarcón Rivera, Renán Borbúa, César Andrade y otros, hasta que entré de lleno a la función pública ministerial.
Me desempeñé como director de Comunicación en el Ministerio de Bienestar Social junto al doctor Rubén Barberán, en el gobierno de Alfredo Palacio. En el 2006 nos tocó enfrentar, junto al ministro, la erupción del Tungurahua, considerada una de las más fuertes de todo su proceso eruptivo de más de 20 años, la cual cubrió de ceniza, vapor y material volcánico a varios poblados rurales.
Desde el 2008 ingresé a trabajar como director de Comunicación en el Ministerio de Trabajo, junto al doctor Antonio Gagliardo, excelente ser humano, trabajador, solidario e inteligente, quien tenía como asesora personal a la destacada periodista Carmita Pereira. Me integré a ese equipo recorriendo el país en reuniones y visitas a empresas, así como a las infaltables sabatinas del expresidente Rafael Correa.
En el 2013 vendí mi renuncia como servidor público y me dediqué a viajar por Sudamérica, Europa y parte de Asia, conociendo y nutriéndome de nuevas culturas. Una experiencia inolvidable. En mi calidad de periodista, puedo decir que he recorrido varias veces el Ecuador. En El Comercio, siendo periodista del área social, estaba siempre con la maleta bajo el escritorio para partir a coberturas en cualquier momento. Estuve en varias comitivas presidenciales visitando diferentes países.
En mis estadías en Varsovia y Estocolmo hice radio y televisión con Unión Global Televisión, donde realizaba entrevistas junto al director del medio, Marco Belalcázar, y recibí el Premio UGTv en la categoría Periodismo Internacional.
En el 2015 fui director de Radio El Sol de Quito y, luego, fundador y director de la Radio y Televisión Solidaridad de la Fundación Vista Para Todos, dirigida por el Lcdo. Diego Benítez, excelente ser humano, sencillo y solidario. Con Diego recorrí el país haciendo labor social durante todos los meses del año. Logramos implementar el medio de comunicación institucional y estructurar una amplia y variada programación.
Así ha transcurrido mi vida, con libreta y micrófono en mano, viviendo el día a día del periodismo y la comunicación, en la Carita de Dios, ciudad que me acogió y cobijó.
Iliana Cervantes Lima
Voces de la radio









