Fotografías:
- Izquierda: Edwin Rivadeneira González en el año 2000.
- Derecha superior: Álvaro San Félix junto a dos integrantes del Trio Ecuador: Guillermo Rodríguez, Aníbal “Mono” Suárez y Guillermo del Satillo. El logo de Radio Quito fue diseñado por el otavaleño, Edwin Rivadeneira González.
Derecha inferior: Portada de su libro biográfico «Casi un sueño», publicado en el 2007; el paisaje es de su tierra, Otavalo, es muy azul. Edwin se subió a una loma para poner en primer plano a un cultivo de quinua madura, de color naranja intenso. Le dicen la foto de los triángulos.
El reconocido diseñador gráfico falleció en Quito, el pasado 9 de mayo de 2026, a los 89 años. Nació en Otavalo, el 16 de marzo de 1937, su vida la consagró al diseño gráfico y la comunicación visual. Es recordado por ser el creador de los logotipos de Radio Quito y del Ministerio de Salud Pública, cuando su titular era el médico y caricaturista quiteño, Asdrúbal de La Torre.
A inicios de los 60, en su natal Otavalo, era amigo de dos de los referentes de la radio y la televisión: Álvaro San Félix y Toty Rodríguez. En su adolescencia, la actriz guayaquileña siempre viajaba a esa ciudad a visitar a sus tías: las señoritas Rodríguez. Edwin Rivadeneira González, en 1967 creó el slogan,” La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país”. Cuando llegó a la capital, el Dúo Benítez – Valencia, con Bolívar “El Pollo” Ortiz, repasaban en su cuarto de soltero antes de presentarse en Radio Cordillera. En el Quito apacible de esos años vio como caminaba tranquilo en la noche el cantante argentino Leo Marini.
Su pariente y amigo, el ex ministro de Salud y caricaturista, Asdrúbal de la Torre, fue quien le ingresó en el mundo del diseño y la comunicación. Se considera el primer diseñador gráfico del país. Laboró en los diarios El Comercio y El Tiempo. Hizo el logo de Radio Quito y del ministerio de Salud, que hasta ahora está vigente, solo han cambiado los colores. Ha escrito y graficado varios libros. Ha creado libretos para las mejores voces del país. Ha diseñado revistas, portadas y contraportadas de los discos de varios cantantes nacionales, entre ellos Los Corazas, Benítez-Valencia, Banda Municipal de Quito y Cotacachi.
A Edwin Rivadeneira González siempre le gustó dibujar y descubrir cosas por sí mismo. En sus inicios, en el Ecuador, todavía no se conocía casi nada sobre diseño gráfico, pero ya le llamaba la atención las revistas Life (EE.UU), O Cruzeiro y Manchete (Brasil), porque tenían nuevas propuestas en diagramación, tratamiento fotográfico y colores. Además, le permitió conocer dónde ubicar a las imágenes más potentes para que no se pierdan los detalles. Se autoformó.
Su papá, Luis Amable Rivadeneira, falleció cuando Edwin tenía siete años. En 1949, terminó la primaria en la escuela José Martí de Otavalo. Su tío paterno Tomás Rivadeneira lo trajo a Quito, eso a su mamá, Carmen Olimpia González, no le gustó mucho porque no quería estar alejada de su hijo. Estudio en el Colegio Central Técnico, en la especialidad de Mecánica Industrial, cuando el establecimiento estaba en las avenidas Mariscal Sucre y 24 de Mayo. Después que se graduó, trabajó en la mecánica de la Fábrica San Miguel en Jatunyacu, al norte de Otavalo. A los 22 años, en 1959 le encargaron el rectorado del Colegio Técnico Benjamín Araujo, de Patate, provincia de Tungurahua.
En 1962 formó parte de la compañía Siderúrgica Ecuatoriana e hizo en Quito “el diseño de la estructura en acero del edificio La Previsora en la Avenida 10 de Agosto y Buenos Aires”. En la provincia de los Ríos creó el diseño de cuatro puentes metálicos. “Uno de ellos está sobre el río Vinces, que es de 125 metros de luz y de base sólida”.
Esta empresa estaba ubicada en la avenida 12 de Octubre y Roca. El dueño era judío alemán, Hans Neusteter, su esposa Gi, financiaba a la Orquesta Sinfónica Nacional. El gerente era el Ing. Walter Seligman. La empresa vendía todo lo que era acero para estructuras metálicas. Edwin también hacía el diseño técnico de muebles y estructuras.
“La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país”
Edwin cuenta que desde 1953 hasta 1966, la Fiesta del Yamor solo se constituía en una noche de sábado, el más cercano al 8 de septiembre, en homenaje a la Virgen María, donde nació la costumbre de hacer la chicha del Yamor. En la noche había el baile de gala con los otavaleños más pudientes de la ciudad y los residentes en Quito. Se elegía a la reina entre las señoritas que estaban presentes. Los familiares que más plata tenían ponían para los votos y salía electa la reina. Al día siguiente, el domingo en la tarde, era el baile de coronación “y esa era toda la fiesta del Yamor”, celebración que tomó el nombre de una bebida o chicha preparada con siete variedades de maíz.
Empezaron a analizar por qué Otavalo perdía habitantes. “La situación económica era terrible y la única solución que encontraron era el turismo”. Por ello planificaron desde junio de 1967, mediante Ordenanza Municipal, la institucionalización de este festejo. Incluso, el Gobierno local apoyó en esta iniciativa. “Para cumplir nuestro sueño de transformar las fiestas del Yamor y hacer una fiesta de 10 días en la que todos colaboren y disfruten”.
Vicente Larrea fue el primer director de las Fiestas, motivó a las instituciones y los barrios de Otavalo para que participen. Se diseñaron afiches, de esa forma las fiestas se difundieron a escala nacional. A Edwin le tocó hacer desde artículos sobre este cambio, en eso “me sonó la flauta con el slogan: La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país”, que tiene vigencia más de 50 años hasta la actualidad. “Para mí es un sano orgullo ser el autor”. Efrén Andrade Valdospinos ayudó en todo lo legal porque era abogado.
Se promocionó en los periódicos a escala nacional que publicaban lo que Edwin enviaba. Tiene un álbum grueso con todas las publicaciones, que da la medida de cuanto se hizo. Para las fiestas del Yamor se hicieron cuñas con la producción fue de Jaime Moya Herrera, quien fue 35 años técnico de Radio Quito. No costo un centavo. Era en cinta abierta en cartuchos, indica.
Jaime Moya Herrera recuerda los esfuerzos que hizo Edwin y un grupo de otavaleños, para sacar adelante su terruño promocionando las fiestas del Yamor. Llevaba músicos y cantantes. “Yo colaboré con entusiasmo por esa tierra hermosa. Edwin era mi amigo, un excelente profesional y una persona intachable”.
Radio Otavalo y el Toro Barroso
En 1958 Radio Otavalo era de propiedad del fotógrafo Hugo Cifuentes (compositor del Toro Barroso), quien le costeó a Álvaro San Félix, el viaje de regreso de Chile donde se especializó en radiodifusión. El libretista y actor llegó a Ecuador para dirigir esta estación que se la conocía como La Voz del Altiplano.
Esta estación, que duró pocos años, porque no había publicidad para financiarla, era innovadora para la época: tenía programas en vivo, música, noticias, radionovelas y cuentos infantiles.
En esos años “la pobreza de la ciudad era tal que era imposible lograr ingresos publicitarios”. Álvaro la financiaba a base de dramas y obras de teatro que él realizaba y dirigía. Era actor, libretista y locutor; “era extraordinario, hizo muchas cosas positivas por Otavalo”.
Álvaro San Félix y la visita de Bolívar a Otavalo
El 31 de octubre de 1972, en la ciudad de Otavalo, se recreó la última visita de Simón Bolívar a Otavalo. El creador de esta teatralización fue Álvaro San Félix, un guayaquileño que se adentró mucho en el quehacer del cantón de la provincia de Imbabura. Personificó al Libertador Simón Bolívar y Toty Rodríguez a Manuelita Sáenz. Todo el mundo colaboró. Álvaro siempre vio muchas potencialidades “en mi tierra”, destaca Edwin.
Otavalo tenía la categoría de villa y el 31 de octubre de 1829, mediante un Decreto firmado por Simón Bolívar, fue declarada ciudad. Esa fue la recreación que hizo Álvaro San Félix cuando personificó al Libertador. Le acompañaron los Granaderos de Tarqui, la guardia del Palacio de Carondelet de Quito. Y la Manuelita Sáenz otavaleña “fue representada magníficamente por la guapa, talentosa y gran amiga Toty Rodríguez”. Los extras eran los directores de teatro de la capital y otavaleños también. Inclusive, como en la época de Bolívar, los frailes Franciscanos estaban ya establecidos en la ciudad, en la villa en ese entonces. “Había que personificar a un sacerdote, por ello fueron al convento, para que les presten el vestuario. El jefe de los franciscanos respondió ¿Por qué no puedo actuar yo? Y fue parte de la obra.
El público se vistió a la usanza antigua. Los niños no pensaban que fuese una representación teatral, sino que Simón Bolívar llegaba. Para ellos, en su fantasía era Bolívar en persona el que estaba en la ciudad. “Fue lindo eso”, rememora Edwin.
Carlos Benavidez Vega era el nombre verdadero de Álvaro San Félix. Edwin Rivadeneira indica que antes se usaba los seudónimos porque fundamentalmente era un snoff de tener un nombre rimbombante, para la publicidad, más que para esconderse del público. Por ejemplo, el director de teatro, Hugo Vernel, era el seudónimo de quien fue articulista de diario Expreso, José Guerra Castillo. “Muchas veces el nombre propio no funciona y se pone un nombre ficticio para que suene muy bien”.
Álvaro era un gran amigo, muy talentoso y un excelente escritor de radionovelas. En el trabajo era muy exigente, porque formaba locutores. Escribió libros para Otavalo: La Monografía de Otavalo en dos tomos; En lo alto grande laguna, parte verdad histórica y fantasía, que es el nombre antiguo de Otavalo. Otegualo que es en lengua chibcha. Este libro es una maravilla para leerlo, porque en cada hecho histórico él ponía personajes ficticios para hacerle como novela la parte real histórica. Álvaro se graduó en el Colegio Nacional Otavalo, que estaba frente al mercado 24 de mayo, reitera Edwin.
Álvaro es autor de la leyenda de la imagen del Señor de las Angustias, el patrono de Otavalo, que se venera en el templo mayor de la ciudad. La leyenda se llama “La Tarde que el señor llegó”, donde narra cómo llegó misteriosamente la imagen del señor de las Angustias a la ciudad. Le tocó a Edwin, hace pocos años, recrear a escala esta pintura. Lo hizo en un lienzo que tenía una estructura inmensa de madera, porque la pared era húmeda y, de ese modo, no se afecte la obra. Se dejó un espacio de aire entre la pared y la pintura para que la humedad no afecte al lienzo.
La pintura mide unos 24 metros y está en la entrada principal, al lado sur de la iglesia, a mano izquierda, en un espacio que no existía un altar lateral. Edwin realizó a escala el diseño para que los cuatro maestros del Grupo Acuarela: Edgar Sandoval, Jorge Tabango, Fernando Erazo y Jaime Torres hicieran ese especial e inmenso trabajo. El dibujo es sobre la realidad y fantasía de la leyenda.
Estos cuatro pintores, graduados en San Antonio de Ibarra, lo crearon en un lienzo inmenso en tamaño natural. Ahí consta el nombre de Edwin Rivadeneira. “Creo que con esa obra ya tengo ganado el purgatorio por lo menos. Me llena de un sano orgullo lo que se ha hecho”.
Toty y las señoritas Rodríguez
Edwin cuenta que Toty Rodríguez fue electa en 1960 Miss Ecuador para el torneo de Miss Mundo en Londres. Pasó a Francia donde hizo cine con el mejor actor de ese país, Luis Defunes. Participó en unas tres películas, la actriz guayaquileña regresó al Ecuador. Como su padre era otavaleño, ella siempre tuvo este acercamiento con la ciudad. “Desde cuando era adolescente. Quiere mucho a Otavalo”.
Llegaba a la casa de sus tías, las señoritas Olimpia y Mariana Rodríguez. Mujeres muy elegantes y estupendas personas. El padre de Toty, Francisco, construyó una casa para tener donde llegar con sus hijos, porque siempre les inculcó el cariño por la ciudad que nació. Esa casa existe y ahora es el local de la Cruz Roja.
Quito, Leo Marini, el Dúo Benítez-Valencia y el “Pollo” Ortiz
Edwin se hizo amigo de Luis Alberto “Potolo” Valencia en Radio Quito. A Gonzalo Benítez ya lo conocía porque era de Otavalo. Fueron sus grandes amigos desde la época de “La Voz de la Capital”. En una época hubo un distanciamiento entre el Dúo, con la emisora capitalina y su programa “Canciones del alma” que lo hacían los lunes, miércoles y viernes, se trasladó a Radio Cordillera.
Cuando Edwin vivía en la Plaza del Teatro por la calle Flores, el dúo iba a ensayar “en mi habitación de soltero”. De ahí se trasladaban a la emisora que estaba situada en el último piso del edificio de la Botica Pichincha, ahora Fybeca, en la Esmeraldas y Guayaquil.
Actuaban y “volvían a mi cuarto” a seguir la bohemia con muchos paisanos que ya les esperaban en el cuarto de Edwin. “Eran grandes noches de bohemia”. Los cantantes eran gente común, sin pretensiones, estaba Luis Alberto con Gonzalo y Bolívar “El Pollo” Ortiz, que era el guitarrista. “Eran muy sencillitos, a pesar de ser los mejores del país, durante muchísimos años”. El “Pollito” casi no hablaba, pero era un excelente guitarrista, reitera.
En esa época, en Quito se conocían todos, aunque no eran amigos se saludaban. Recuerda que más o menos a las 24:00, “en la misma vereda que yo caminaba”, en la calle Olmedo, venía en sentido contrario otro señor con bufanda en el cuello, bien protegido del frío capitalino. Era nada menos que Leo Marini, el hombre que admirábamos como extraordinario cantante. “A ese argentino enorme se lo divisaba desde lejos, así hay muchas vivencias que sería largo enumerar”. El cantante argentino era muy amigo del intérprete quiteño Fausto Gortaire.
Aerolíneas Ecuatorianas (AREA) y la creación artística
A inicios de los 60, Asdrúbal de la Torre, ex ministro de Salud, caricaturista y primo en segundo grado de Edwin, siempre estaba pendiente de lo que hacía su pariente. En ese tiempo era el jefe de Relaciones Pública de la compañía de vuelos Aerolíneas Ecuatorianas (AREA). Los dueños eran los integrantes de la familia Arias Guerra. Le propuso a Edwin que integre su equipo, cuando la empresa pasaba a ser internacional con vuelos a Bogotá y Miami. Ahí Edwin empezó a realizar lo que le había gustado desde niño: dibujar y diseñar.
Cuando Edwin ingresó, AREA adquirió un jet a la compañía BOAC de Inglaterra. Era el avión Comet 4, “el primer avión a propulsión comercial en el mundo” que tenía cuatro turbinas Rolls Royce. En imagen tocaba ponerse a la altura de un avión poderoso, porque era el primer jet comercial en el país, la competencia de AREA era Ecuatoriana de Aviación que tenía aviones mitad hélice mitad turbina y AREA era totalmente jet.
El avión jet pequeño para diseñar los colores le proporcionó la compañía BOAC. Era de aluminio. Edwin lo pintó como debía ser el real que estaba en Miami. Además, se modernizó la imagen y se diseñó el vestuario de las azafatas. Tenían un sombrero cuencano de paja toquilla, en las blusas en vez de collar iba la palabra AREA repetido alrededor del cuello, predominaba sobre el blanco de las blusas el color concho de vino y el sangre de toro, que eran dos colores variantes del rojo obscuro. En los counters de Quito y Guayaquil se estandarizaron los colores y se hizo lo mismo en Bogotá y Miami, así como los boletos, los tikets de equipaje… Se diseñó una revista de difusión turística del Ecuador, era informativa y con gráficos que llamaban la atención: sitios turísticos del país, historia de la aviación ecuatoriana y mundial.
El diseño en esos años era elemental, se hacía la publicidad de una empresa letra por letra, se iba recortando y pegando en una cartulina de fondo. Después ya vino el sipatón que eran las letras adhesivas a las cartulinas. “Ya no era el recorte, pero igual se iba pegando letra por letra”, pero se hacía más rápido. Si antes se demoraba bastante con este nuevo sistema se lo hacía en menos tiempo, asegura.
En 1965 fue parte de la delegación del país al Congreso de la Confederación de Organizaciones Turísticas de América Latina (COTAL) en Bogotá. Viajó en el DC.7B de AREA, que en ese tiempo “era la nave aérea más grande del mundo”.
Ecuador tuvo su stand en ese congreso. “Había folletos elegantes en papel común y una sola tinta, pero el texto era estupendo hablaba de que las empresas que trabajan en turismo sean amables”. Ahí se le ocurrió e Edwin el slogan para a Otavalo: La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país. “Siempre estaba aprendiendo cosas, viendo y observando todo lo nuevo que me atraía”.
Departamento de Publicidad en diario El Comercio
Edwin ingresó a diario El Comercio a mediados de los 60 al recién creado Departamento de Publicidad. Lo llevó igualmente Asdrúbal de la Torre, quien era caricaturista del matutino quiteño. “Él siempre influyó en mí”, porque sabía cuáles eran sus valores y habilidades. En el “Periódico Independiente fundado en 1906” a los clientes y empresas se les hacía los artes para el anuncio respectivo, señala.
En diario El Comercio lo más avanzado eran los linotipos. Cada renglón de texto era un pedazo de plomo, así era cuando el diario estaba en la Chile y Benalcázar. Después, cuando ya se pasó al nuevo edificio de San Bartolo, al sur de Quito, se introdujo las computadoras. La gente que laboraba antes en los linotipos, no todos se adaptaron a las computadoras, muchos fueron liquidados y otros pasaron sin problemas a lo nuevo. “Yo fui testigo de todos esos cambios que ahora parece cuento”.
Se dio también un cambio de imagen en El Comercio y Últimas Noticias. “Fueron procesos importantes que no solo pasó en el diseño, sino en la comunicación”. En 1965 hizo el logo de Radio Quito, para ello se inspiró en el alcance mundial de la cobertura de la estación capitalina. Hay una foto donde se puede observar a las figuras del radioteatro y locución como Álvaro San Félix, al fondo se puede observar el logo creado por Edwin.
Siente nostalgia de los procesos iniciales del diseño, pero también insiste en que hay que valorar la tecnología que facilita y optimiza tiempo y trabajo. “Se logran mejores cosas con menor esfuerzo y creatividad”.
La Bunga, la revista humorística
Edwin Rivadeneira González formó parte de la revista “La Bunga”. Editada por un grupo de comunicadores que “bajo el título de autores cómplices y encubridores”, todo era broma, publicaron la primera edición en 1967. En circulación era la segunda, luego de Vistazo. Tomaban el pelo a los presidentes Otto Arosemena Gómez y después a “José María Velasco Ibarra, a quien no le gustaba ningún chiste”. El primero aceptó una invitación y soportó las bromas que se le hizo en persona.
Esta revista la conformaron un grupo extraordinario de periodistas “que aparentaban ser serios” como: José Alfredo Llerena, Gilberto Mantilla, Jorge Ribadeneira (Soflaquito), Enrique Echeverría, Gabriel Garcés (Polvorín). En ilustración estaban Asdrúbal de la Torre y Roque Maldonado. Edwin Rivadeneira armaba la revista y hacía los artes finales. Se editaba en diario El Comercio, cuando estaba en la calle Chile, donde también estaba Radio Quito.
La Bunga era “la revista mensual que sale cuando nos da la gana y un número sacamos en conmemoración del aniversario del número anterior”, recuerda entre risas Edwin.
Todo lo que se vivía en el periódico, en el centro, era camaradería. En cambio, en el sur hubo mucho más personal y no había esa vecindad de un escritorio a otro. “Era todo inmenso y se destruyó el ambiente de cordialidad, recreación y de hacer bromas. Fue muy diferente”. Esto ya no le gustó mucho.
El coordinador de El Comercio, César Larrea Velásquez, fue el creador de las Fiestas de Quito. “Un hombre talentoso que había iniciado desde los puestos más humildes en la empresa y llegó a los sitios más altos”. En esa época todos los periodistas del medio, como no había escuela o facultad de Comunicación Social, no tenían título, pero eran excelentes, nacidos en el ejercicio diario de un medio de comunicación, subraya.
Los locutores de Radio Quito tenían excelentes voces y eran personas extraordinarias. Conoció a René Torres, Erika von Lippke, Jorge Zaldumbide, Edison Vargas Acosta, Eduardo Brito, entre otros.
Entre el personal de radio Quito, Últimas Noticias y El Comercio no había diferencia, sino amistad y cooperación en todo. Había más familiaridad. Incluso la ciudad, era pequeña, en el centro de Quito todos se saludaban. “Todos nos conocíamos, aunque no fuéramos amigos, con el tiempo perdió su encanto”, comenta.
Diseño el logo del Ministerio de Salud
Edwin diseñó el logo del Ministerio de Salud “es el símbolo más difundido en todos los gobiernos, incluso está en el Dispensario Médico de la comunidad indígena Añangu (hormiga) de la reserva Ecológica Yasuní”. El logo se hizo en 1978, cuando gobernaba el triunvirato de Alfredo Poveda Burbano, Guillermo Durán Arcentales y Luis Leoro Franco. Era ministro de Salud, Asdrúbal de la Torre, quien también le acompañó a su graduación en el colegio. Sabía que era innato el talento de Edwin en el diseño y la creatividad artística y lo llevaba donde él trabajaba. Quería que sea empleado en el Ministerio, pero no aceptó porque no le gusta la política. “El logo original era rojo con fondo blanco, Ahora le pusieron los colores de la bandera”, manifiesta.
Cuando estaba en el Seguro Social Campesino e iba a la inauguración de los dispensarios médicos, tomaba fotografías de los sitios más recónditos, más lejanos y pobres del país. “Aproveché para hacer fotografía de todo lo que veía en estas partes donde nada ni nadie llega: rostros de personas, casas, iglesias, vegetación, animales, insectos…” Todo detalle que le llamaba la atención Edwin las plasmaba en imágenes.
Las portadas y contraportadas de discos
Edwin Rivadeneira González realizó las portadas, contraportadas y el texto introductorio para el disco de “Los Corazas en vivo” y “Aires de mi Tierra”, de la disquera Ifesa, en la primera época bajo la dirección del cotacacheño Marco Tulio Hidrobo. También de Gonzalo Benítez canta a su compañero Luis A. Valencia, “Canciones del Alma”, este disco se hizo cuando falleció “El Potolo”.
En HCJB coordinó la grabación e hizo la doble portada de una producción del Municipio de Otavalo con el Conjunto de cuerdas de la familia Paredes, con bandolines, guitarras y contrabajo. Una excelente grabación donde se incluye el pasacalle “Chulla Otavaleño”, de autor anónimo, que se creó mucho antes del Chulla Quiteño. La portada de “Volver a Vivir” del Trío Los Sucesores de Cotacachi, de la dinastía Hidrobo, Março Tulio, Armando y Homero. La portada del disco “Con mi corazón te espero” una producción musical con Edgar Hidrobo. Cotacachi, Banda Municipal, Música para todos, la portada es de Edwin con un efecto fotográfico especial.
Diseñó la portada 1922-1972 Sesquicentenario “El Viaje Heroico”. Grabado en Fadisa. Hizo la portada para una narración histórica de la Batalla del Pichincha, cuando era Prefecto Álvaro Pérez, con base a un libreto de Jorge Ribadeneira Araujo «Soflaquito» y con las voces de Fernando Fegan, René Torres, Erika Von Lippke, Jaime Porras y Jorge Aníbal Salcedo.
Portada, contraportada y fotografías del disco “El IESS canta a Guayaquil”. Diseñó la contraportada y fotografía con los artistas, trabajadores del IESS, entre ellos: Fausto Gortaire, Pablo Floril y otros. Cuando laboró en el IESS, editó un video con tres proyectores y una animación sobre el seguro social y campesino. La voz era del conocido locutor Gonzalo Portugal.
La contraportada y texto “Homenaje Eterno Benítez-Valencia”. El dúo realizaba cada año un programa en honor a Otavalo para el 31 de octubre. Así también del LP del conjunto Rinimillacta (me voy a mi tierra) dirigido por Manuel Mantilla Cerón, cuya foto y el logotipo son de Edwin, igual que la contraportada con foto. Los integrantes eran Manuel Mantilla Cerón, Segundo Guaña, Ildefonso Mármol, Eduardo Pavón, Carlos Regalado, Marco Oquendo (dueño del Estudio de grabación) y Ángel Porras. Es de destacar que la grabación se realizó en una sola jornada, algo único para la época.
En 1970 cuando era alcalde de Quito, Sixto Durán Ballén, realizó la portada y contraportada de la Banda Municipal “La Noche del 5”. En la contraportada le puso una dedicatoria la Reina de Quito de ese año, Rocío Avilés. Ese año, realizó el carro alegórico para la Reina.
Diseñó las medallas conmemorativas del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).
El primer diseñador gráfico del Ecuador
Edwin asevera que “todo es diseño”. Cuando se coge una bebida no solo le atrae el envase o el contenido, sino lo que se ve. “Si el envase es bueno atrae y si el contenido es bueno se vuelve cliente fijo de ese producto. La presentación y el contenido deben cumplir con el objetivo: eso es el diseño, fondo y forma”. El producto siempre debe ser confiable para atraer al comprador.
En este proceso fueron asomando nuevos talentos como el lojano Luis Ochoa, Paco Viniachi y Julio Flores, egresados del Daniel Reyes de San Antonio de Ibarra, indica. Hubo muchos talentos de ese instituto que llegaron a Quito para trabajar en las nacientes agencias de publicidad, que aportaban su arte a El Comercio o a otros periódicos.
“Yo no sabía que era el primer diseñador, hasta cuando fui al Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) a un congreso de diseñadores gráficos. Ahí me di cuenta de que era el de más edad”. En ese taller quien se sentó junto a Edwin el articulista Simón Espinosa. Quería ver como hacía los diseños, porque él no era dibujante. “Fue muy agradable conversar con él”.
Su admiración por Lilo Linke y la fotografía
Edwin desde niño admiraba a la inglesa Lilo Linke, que fue la primera periodista mujer en internarse en la selva amazónica de Ecuador. Estas crónicas de la periodista están publicadas en su libro “People of the Amazon” y también por diario El Comercio. “El extranjero ve, analiza y valora las cosas de nuestro país, más que nosotros mismos. Ella fue la observadora de lo que nosotros no vemos. Nosotros pensamos que todo es normal y que siempre las cosas estuvieron ahí”, indica.
Edwin ahora se dedica a la pintura y a la fotografía, que son sus dos pasiones. Lee mucho e incursionó en el óleo, que antes no le llamaba mucho la atención, porque pintaba en acrílico. Ha recorrido todo el Ecuador haciendo fotografía, pasión que se inició en la etapa del Seguro Social Campesino.
Cuando trabajaba en diario El Comercio, el periodista chileno, Fernando Villarroel, un día le dice: “oye, quiero crear una sección fija semanal”. Edwin le responde “visita los sitios más apartados del país y ahí vas a descubrir el Ecuador infinito y le bautizó como El Ecuador que no ha visto”. Salía una vez a la semana”.
Sus obras e ilustraciones
Edwin fue uno de los miembros fundadores del Instituto Otavaleño de Antropología. Ha colaborado con ilustraciones y aportes literarios en algunas obras, como: Romancero otavaleño y Viñetas Otavaleñas, de Gustavo Alfredo Jácome; El Poder Político del Ecuador, de Osvaldo Hurtado; En lo alto Grande Laguna y Monografía de Otavalo, de Álvaro San Félix; Bodas de Plata del Yamor, Otavalo en Imágenes, Imbabura Agua y Paisaje, El Hombre de Otavalo de Víctor Alejandro Jaramillo; 8 libros de Santo Domingo de los Colorados de Holger Velastegui. En el 2007 publicó un libro autobiográfico que se titula “Casi un sueño, crónica de vida”. Realizó la guía turística de Cotacachi y 135 años del Municipio de Santa Ana de Cotacachi, entre otros.
Conoce hasta Las Golondrinas, en el extremo occidental de Imbabura. Hizo dibujos del plano de esa población que se definió mediante consulta popular que pertenecía a la provincia de Los Lagos. Diseño una revista para el municipio de Cotacachi, donde consta un artículo de Fray Agustín Moreno, de la Comunidad Franciscana, que nació en esa ciudad y escribió libros sobre la vida de Fray Jodoko Rickie. Edwin lo visitó en el convento de San Francisco, en el centro de Quito. Le indicó cómo iba a ser la calidad de la revista y le gustó. Escribió tres páginas sobre “Los Valores de ayer y hoy”.
Desde enero de 1973 está casado con Irene García. Tiene tres hijos: José Luis, Ana María y Silvia Irene, quienes son su inspiración y orgullo. En Quito hice mi familia. “Quito es otra querencia igual que a la tierra nativa”. Asegura que a Quito le quiere muchísimo por todo lo que le ha dado.
Así transcurre la vida de Edwin Rivadeneira González, como un collage entre su pasión por el diseño gráfico, la comunicación, su amor por su natal Otavalo y Quito, esta última, la ciudad donde potenció su talento y logró su crecimiento profesional y familiar.
Voces de mi Ciudad
Iliana Cervantes Lima



